Por qué tenemos la sangre caliente si es un enorme gasto de energía

Por qué tenemos la sangre caliente si es un enorme gasto de energía

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Sé que va a sonar raro, pero hay veces que me sorprendo dándole vueltas a los pros y los contras de convertirse en un ser del inframundo. No sé, pensadlo: menudo marrón que te muerda un hombre lobo. Más allá del tema de los dolores salvajes de que una mole de cientos de kilos se te empotre en muslo y te haga un ecce homo en la pierna, el proceso de transformarse en bicho debe ser lo peor.

El problema es que no hay infraser bueno: el proceso de ‘zombificación’ requiere que una horda hambrienta de no-muertos te abran la tapa de los sesos y se den un homenaje que ni Calígula en sus buenos tiempos. Para ser bruja, por ejemplo, necesitas llegar a algún tipo de turbio acuerdo con el Diablo. Algo que suena bien si no caes en la cuenta que el Infierno debe ser lo más parecido del mundo a darse de baja en una operadora.

Hay más: el tema de las ‘almas en pena’ y los fantasmas es mal negocio porque necesitas un buen currículo lleno de matanzas, pósters de Varg Vikernes y otras cosas de moral relajada para estar vagando por el mundo sin ton ni son durante toda la eternidad. Eso sí, plaza fija que tampoco es ninguna tontería. Al final siempre acabo convencido de que el único motivo del éxito de los vampiros es, en fin, la competencia. La falta de ella, quiero decir.

Pero a mi, si os soy sincero, los vampiros tampoco acaban de convencerme. Puedo tolerar la obsesión con las carótidas e incluso convencerme de que ir todo el día untado en crema factor 50 tiene su punto. Por lo que no paso es por eso de beber sangre caliente. ¿De qué sirven 500 ó 600 años más si tengo que tomar dos litros de sangre calentita al día? ¿Seguro que no vale con un pincho de morcilla? ¿Por qué tiene que estar caliente?

El fascinante mundo de la homeostasis

Nhia Moua 719017 Unsplash

Y resulta que es una excelente pregunta. ¿Por qué hay algunos seres vivos que tienen la “sangre caliente” y otros no? Pensadlo un momento: calentar toda esa cantidad de sangre (y, por extensión, todo el metabolismo) necesita muchísima energía. Las estimaciones hablan de que los organismos con homeostasis térmica requieren diez veces más recursos que los que no la tienen.

La cifra de que cincuenta antílopes son comida suficiente para alimentar a un león o a diez cocodrilos es muy conocida. Sinceramente, no he sido capaz de encontrar la referencia concreta (y no creo que sea exacta), pero sirve para visualizar las proporciones de las que estamos hablando. ¿Tiene sentido todo esto de la sangre caliente?

Pero, como digo, solo es una explicación llamativa. En realidad, no hace falta recurrir a eso para explicar los beneficios (y los problemas) principales de tener la sangre caliente. La ventaja de la homeotermia es que permite al organismo estar siempre en una temperatura en que las reacciones bioquímicas funcionan de forma óptima.

O cercanas a lo óptimo. Pero como dice el dicho, hay veces en que "lo mejor es enemigo de lo bueno". Mantener este tipo de maquinaria a punto nos hace muy sensibles a los cambios de temperatura del ambiente o la falta de comida. Tener la sangre fría hace más fácil sobrevivir en las penosas condiciones en las que viven la mayoría de seres vivos.

Los hongos, otra vez

Mike Erskine 181133 Unsplash

Sangre fría y sangre caliente son más bien dos puntos de un espectro en que cada grado de complejidad y potencia lleva consigo también cierto grado de fragilidad. Hay muchos puntos intermedios con peces capaces de calentar parte de su cuerpo y mamíferos que duermen todo el invierno. Algo fascinante ya de por sí, pero la explicación más curiosa sobre el tema es otra.

Hay teóricos que creen que la homeostasis es una defensa contra las infecciones fúngicas. Insectos, reptiles o anfibios están plagados de hongos; en cambio, la mayoría de infecciones de este tipo tienen muchas dificultades para sobrevivir a la temperatura de la sangre caliente. Es, ¿qué duda cabe?, una buena razón para no beber cosas de animales de sangre fría. Los vampiros se las saben todas.

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